
Hace unos días, al salir de la biblioteca nacional, fui libre de un intento de secuestro. El pueblo me salvo y al pueblo le aplaudo y le estoy en deuda ante el acto valeroso de defenderme a pesar de que estaban arriesgando sus vidas. Es triste estar en las calles, ver el horizonte y mirar que el verde no proviene de los arboles o del pasto, si no de un cerco de militares, listos para manchar de rojo las oscuras calles de esta patria. Es necesario tratar de romper las paredes humanas e ideológicas en las que estamos atrapados, es necesario luchar por la verdadera libertad, y no una ficticia en la que estamos viviendo en estos días. Sigo y seguiré agradecido a las personas que arriesgaron sus vidas por mi, pero se los agradeceré mas si de la misma manera tratan de liberar a este país, de los cercos tangibles e intangibles que nos tienen doblegados.